Esta es la historia
De Lazinha.
Chica decente de barrio bien,
Sus padres no la dejaban
ir a la calle.
Pasada la adolescencia,
con excusa de estudios partió
Y en la ciudad encontró muchas
ofertas de birra y amor.
Su mente comenzó a girar y sus
padres no mandan plata,
La idea de seca no le gustó
y así empezó a pensar,
El veneno en su cuerpo comenzó
a fluir y sus venas
A pedir y a pedir y a pedir y a
pedir y a pedir...
Esta historia comienza en Brasil,
Un pueblo llamado
Jataí.
Fue desde allí que ella partió,
Viajó de maluca, de Argentina,
al Ecuador.
Estaba en Bolivia bailado en un bar
Y conoció a un cantante amante del crack.
Los gramos bajaban, subía el amor
Y faltaba guita para vivir mejor
Anuncios de críos desperta
ban el temor,
Maquinan estrategia, un negocio para pa lear el bajón.
Los viernes por la tarde pasa con autos robados,
Los vende en Bolivia,
vuelve pinta de turista.
Chamuya al gendarme,
dice que va de visita,
Trae en la cartera
Un par de botellas de vino
bien paquete.
Dentro de ese recipiente,
el pescado camaleón.
Sobre el líquido viajaba libremente la merluza,
La merluza,
Excusa de insatisfacción difusa,
Mente que busca libertad
Y encierra su río tras la esclusa.
Llega y pone fichas en la esquina
ya pautada.
Comandante de patrulla, nadie dice nada.
Y el que manda, no pone la cara.
De la bolsa a las bolsitas,
dinamita por los barrios,
Vitamina la polenta,
el río de la guita...