Gracias por la sangre
que me da acceso al Padre.
Gracias Padre por entregar tu único Hijo
para ganarme a mí
y a tantos millones de hijos
alrededor del mundo
y salvarnos de un destino de muerte
y de perdición.
Tuvo que dolerte tanto,
Ahora que soy madre puedo
comprender tu dolor,
el dolor de entregar a un hijo
para que lo maten de una manera tan cruel.
Oh qué inmenso amor
que te llevó a entregar a tu hijo amado,
perfecto, sin mancha, sin pecado.
Esto es tan importante
y significa tanto para mí,
que viviré agradecida por el
resto de mis días.
Porque no diste un ángel,
no diste tu reino,
no diste el cielo,
ni los querubines, ni los serafines,
diste lo que más te importaba,
diste lo que más amabas,
diste a tu hijo, a Jesús,
Jesús cumplidor de profecías,
Rey de reyes, Salvador.
Jesús, no escatimaste ser igual a Dios
como cosa a la cual aferrarte,
te despojaste de tu propio manto
y viniste a rescatarnos. Gracias,
gracias por ser tan valiente.
¿Qué valentía fue esa
que te llevó a moverte por convic
ciones y no por sentimientos?
Gracias Jesús por ser mi
mayor ejemplo,
mi ejemplo de valor, de fuerza, de vida.
Gracias por enseñarme con hechos
que
Que importa más la voluntad del padre
que lo que yo sienta.
Que importa más lo que él quiera
que lo que yo quiero.
Lo que él piensa
que lo que yo pienso.
Porque al final su plan es mejor que el mío,
ahora y siempre.
No hay lugar más seguro,
ni aunque viviría en las más tremendas
fortalezas
o en el mejor escondite
no estaría tan segura
como den tro de tu voluntad,
tu voluntad que es tan buena,
tan perfecta, tan agradable.
En tu voluntad no hay tristeza,
en tu voluntad me das la gracia
para hacer sin apenas esfuerzo
lo que me has mandado a hacer.
Por eso,
el anhelo más profundo de mi corazón
es vivir dentro de tu
per fecta voluntad.